Nace el Guadalquivir en la Sierra de Cazorla, formando una depresión a su alrededor que marca de manera significativa el territorio andaluz. Atraviesa Andalucía de este a oeste hasta los pueblos de Coria y Puebla del Río para emprender, de manera solitaria, una última etapa alejada en kilómetros de cualquier núcleo urbano y llegar a la tierra del langostino y la manzanilla, y mezclarse para siempre con las saladas aguas atlánticas. Es en este último tramo donde encontramos los mayores arrozales de Andalucía, poseedores de un ciclo vegetativo curioso de observar desde un satélite espacial.

El índice NDVI (Normalized Difference Vegetation Index), calculado a partir de los datos generados por sensores remotos instalados en satélites espaciales, sirve básicamente para medir el crecimiento de las plantas, determinar cubiertas vegetales y controlar la producción de biomasa. La evolución de este índice a lo largo de 2019 puede verse a través del servicio de mapas wms, elaborado por la REDIAM WMS Serie de imágenes de satélite Terra Modis. NDVI (Normalized Difference Vegetatiton Index). Medias mensuales. 250 m. Año 2019. Andalucía”

En la siguiente imagen, correspondiente a marzo de 2019, podemos diferenciar: tonos marrones para suelo desnudo o vegetación muerta, tonos naranjas para vegetación dispersa o poco vigorosa , tonos verdes claros para vegetación abundante y vigorosa y tonos verdes oscuros para vegetación muy densa y vigorosa.

Imagen 1. Índice NDVI. Marzo 2019

Imagen 1. Índice NDVI. Marzo 2019

Teniendo presente el clima mediterráneo que predomina en Andalucía, podemos pensar en un comienzo del año con buen nivel de vegetación que crece hasta alcanzar sus máximos en primavera y de ahí caminar hasta un periodo estival ausente de lluvias y con altas temperaturas. Esto hace que la vegetación se seque, con los niveles más bajos de vegetación, para ir recuperándose en el otoño con las primeras lluvias y así completar el ciclo. Traducido al índice NDVI, empezaríamos el año con predominio del verde claro para avanzar hasta el verde oscuro en primavera, para bajar hasta el naranja y marrón en verano y recuperar los tonos verdosos a partir del otoño.

Y he aquí donde volvemos al arroz, concretamente a los arrozales del bajo Guadalquivir (círculo 1, imagen 1).

 

Si observamos las imágenes de tres momentos del año, marzo, agosto y noviembre, vemos cómo la imagen de los arrozales lleva una secuencia contraria al resto de Andalucía. Curioso, pero lógico. Ya que es en verano cuando la planta del arroz alcanza su mayor esplendor, dando paso a la siega a partir de septiembre-octubre, según venga el año. Después de la siembra se realiza el “fangueo”, ese “gradeo en agua” tan peculiar para enterrar el pasto, que servirá de abono para la próxima campaña. A partir de aquí las tablas de arroz se dejan encharcadas de agua y evitar que se desarrolle vegetación alguna. Así hasta la próxima siembra, con la que se irá regulando el nivel del agua según las necesidades. Y luego a esperar de nuevo el verano, que cuanto más caluroso mejor cosecha. En resumen, un ciclo vegetativo distinto al propio del clima mediterráneo en el que nos encontramos, gracias al suministro artificial de agua con el que mantenemos “contenta” a la planta de arroz.

Pero los arrozales no son el único caso especial que el cálculo del índice NDVI pone de manifiesto en Andalucía. Nos trasladamos al Campo de Dalias (círculo 3 imagen 1), situado al sur de la provincia de Almería. Se trata de una zona con una enorme concentración de invernaderos, cuyos plásticos impiden que el sensor capte información de la actividad de la vegetación que se desarrolla bajo ellos. El resultado es una mancha marrón que permanece durante todo el año, con mayor o menor intensidad según el mes en que nos encontremos.

 

Si observamos la zona de Sierra Nevada (círculo 2 imagen 1), comprobamos que ésta también se tiñe de marrón durante todo el año. Sin embargo, la razón es bien distinta a la del Campo de Dalías. La presencia de nieve durante gran parte del año impide la actividad de la vegetación, que resiste bajo la nieve el paso de los meses hasta que ésta se retira y puede desarrollarse. Eso sí, de manera escasa, dado que la ausencia de suelo generoso y el resto de condiciones ecológicas adversas de la estación, no permiten la abundancia ni el buen porte de la vegetación. En conclusión, se observa la tonalidad marrón cuando hay nieve porque ésta cubre la vegetación y marrón cuando no hay nieve porque apenas se desarrolla.

 

Saber más…